DESDE EL DESPACHO DEL RABINO
PERLAS DE LO NUESTRO
EL GRAN PREMIO LO RECOGIO QUIEN TOCO A LA PUERTA
En la Torá existen mitzvot que son lógicas y sobreentendidas, otras que son mitzvot que entendemos en parte y algunas que la dificultad para entenderlas es muy grande y a veces hasta imposible.
Traeré un ejemplo (de muchos) para cada una de éstas categorías:
La miztvá que está totalmente clara es la de honrar a los padres. Ellos invirtieron en mi, me trajeron a este mundo, se preocuparon por todas mis necesidades en mi juventud y por lo tanto debo respetarlos como señal de agradecimiento. Recibí, entonces doy.
La obligación (mitzvá) menos obvia pero todavía aceptada por la inteligencia humana, es honrar y respetar al adulto mayor. “Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano” (Levítico 19, 32).
Aunque sea una persona que no conozco, y que nunca me hizo un favor, y solo por su edad y sabiduría tengo que honrarla.
En el grupo de las mitzvot menos obvias, está la obligación de prestar dinero al prójimo de tu pueblo y no cobrar intereses por ello, aunque me haya esmerado mucho y haya ganado ese dinero con el sudor de mi frente. “Cuando prestares dinero al pobre de mi pueblo, no serás con él como acreedor ni pondrás sobre él intereses”. (Exodo 22, 24).
Y existe también otra categoría que se puede entender tal vez luego de un análisis profundo, sin embargo es muy difícil de cumplir aunque no se trate necesariamente de un esfuerzo físico: “Cuando encontrares un buey de tu enemigo o su asno extraviado, se lo devolverás. Cuando vieres el asno del que te odia arrastrándose penosamente por carga pesada, no pasarás de largo, sino que lo ayudarás”(Exodo 23, 4-5).
La persona que reconoce los límites de su fuerza, es la persona que entiende que todo viene del cielo, (Hakol Bidei Shamaim) y le es más fácil enfrentarse con las diferentes pruebas que la vida le pone. El actúa, construye y crea y el hecho de que la “responsabilidad del resultado” se la atribuye al Creador, alivia mucho su presión y la preocupación permanente de lo que pasará al final. Esta parte no le concierne a él.
Es tan fácil pronunciar las palabras de este versículo y tan difícil de cumplirlas.
Nuestros antepasados nos enseñan que “la Torá fue dada a los seres humanos” (y no a los ángeles en el cielo). (Talmud Bavli, Tratado Berajot 25, 2).
El Talmud (Tratado Shabat 88, 2) nos relata que “cuando subió Moshé al cielo a recibir la Torá, los ángeles lo vieron y preguntaron al Creador: ¿qué hace un ser humano entre nosotros? El Creador le dijo a Moisés, contéstales”. Entonces Moisés le dijo a los ángeles: “qué está escrito en la Torá? No robarás, no codiciarás? Acaso, hay envidia entre ustedes? Acaso hay odio entre ustedes?”
El Todopoderoso nos dio la Torá a nosotros, los seres humanos, quienes tenemos instintos que nos dominan. Por cada característica humana buena existe una que no lo es y que es motivada y alentada por el Yetzer Hará (mal instinto) que hace un excelente trabajo usualmente. Nuestra obligación como seres humanos y como judíos, es sobreponernos a la parte menos simpática en nuestra personalidad y convertirla en algo positivo. Es difícil y en la mayoría de los casos, muy difícil, sin embargo, esta es nuestra tarea y por ella recibiremos una recompensa abundante de las manos Divinas, y que D-os no quiera seremos castigados sino pasamos esta prueba.
He aquí retornamos a la mitzvah antes mencionada. Hay que entender que la Torá está consciente de que existen no pocas personas donde la armonía no reina entre ellas y donde sus relaciones son frías como el hielo en el mejor de los casos, y en el peor, existe tal odio que ningún puente los puede unir. Tampoco son pocos los casos de personas que se odian entre ellas (y a veces de la misma familia) que conservaron su odio y a pesar del tiempo que pasó desde el incidente que lo causó, éste solo se fortaleció.
Estas personas abandonaron este mundo y le dejaron este odio como “herencia” a sus hijos y a veces a sus nietos. Esta es la fuerza del odio a diferencia del fuego que cuando te alejas de la fuente del calor ésta tiene menos influencia. Con el odio parece que el tiempo y la distancia no tienen ninguna influencia y a veces ocurre lo contrario. A veces pasa que no me acuerdo por qué odio, pero si me acuerdo que tengo que odiarlo…
Esta es la voluntad divina y sin duda es por el bien.
Sobre esta fogata vierte la Torá un recipiente gigante de agua: Tú, que odias tanto a esta persona, te voy a dar una oportunidad para desmoronar esta torre de hostilidad. Yo me encargaré, dice el Todopoderoso, que justamente tú te encontrarás con lo extraviado (aveidá) de quien te aborrece tanto, justo tú encontrarás su asno al que le es difícil cargar con el peso de la carga, reclutarás toda la fuerza de tu voluntad y recogerás lo extraviado de aquel “que quieres matar”, te acercarás a su casa, tocarás a su puerta y él la abrirá y casi se desmayará al verte ahí, y le dirás: “encontré lo que te pertenece y aquí lo tienes”.
Lo que ocurrirá después lo dejo a la imaginación de cada uno de ustedes. Pero una cosa está clara: los sentimientos muy duros que existieron hasta hacía un segundo, se convertirán en una gran perplejidad y lo que sigue depende de la personalidad y la fuerza mental de cada una de las partes.
El gran premio ya lo recogió quien tocó a la puerta, quien reclutó la fuerza de sus antepasados de las últimas diez generaciones y aunque aquel que abrió la puerta no tendrá el vigor necesario para aceptar esta mano extendida para la paz, éste será su problema con el cual vivirá años después. El destino del otro será diferente. La inmensa satisfacción que lo acompañará toda su vida por este acto heroico, seguirá acompañándolo luego de los 120 años también y en grande!!!
RABINO GERSHON MILETSKI
RINCON HALAJICO
LOS SEIS AYUNOS EN EL CALENDARIO HEBREO
“Y me vino la palabra del Eterno de los ejércitos diciendo: “Así dice el D-os de los ejércitos: El ayuno del mes cuarto, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo serán para la casa de Judá alegría y regocijo, y festividades. Por lo tanto amad la verdad y la paz”. (Zacarías 8, 18-19)
En el calendario hebreo existen seis días de ayuno: uno es el día de Yom Kipur, el otro es el ayuno de Esther y los otros cuatro son ayunos relacionados con la destrucción del Beit Hamikdash en Yerushalaim.
- Tzom Gedalia: cae el día 3 de Tishrei. Ese día fue asesinado el líder de los judíos que quedaron en la tierra de Israel después de la destrucción del templo y con su muerte se apagó la brasa de la gobernación de los judíos en la tierra de Israel.
- Azará Be Tevet: ese día empezó Nabucodonosor, rey de Babilonia a sitiar la ciudad de Yerushalaim con el propósito de conquistarla.
- 17 de Tamuz: ese día fueron perforadas las murallas de Yerushalaim y empezó la masacre de sus habitantes.
- Tishá Be Av: ese día fue destruído y quemado el Beit Hamikdash en Yerushalaim.
El inicio del ayuno de Tzom Gedalia, 10 de Tevet, ayuno de Esther y 17 de Tamuz es desde la madrugada (alba) y se termina con la salida de las estrellas. En Yom Kipur y Tishá Be Av el ayuno inicia con el crepúsculo del día anterior.
- Solo en Yom Kipur y Tishá Be Av rigen las aflicciones adicionales (aparte de no comer y no tomar) de no bañarse, no utilizar zapatos de cuero, no untarse cremas y abstenerse de vida conyugal.
- Cualquiera de los ayunos (salvo Yom Kipur) si cae en Shabat se posterga para el domingo. El ayuno de Esther se adelanta para el jueves.
- Ninguno de los ayunos cae el día viernes salvo el ayuno del 10 de Tevet, que se termina con el Kidush del viernes en la noche (y ese día hay que adelantar un poco el rezo de Arvit)
- En estos días hay que agregar en el rezo de la Amidá el capítulo de “Aneinu” (en el rezo de Shajarit lo recita solo el Jazán y en el rezo de Minjá, también el público).
Tanto en la mañana como en la tarde, se lee la lectura de “Vayejal Moshé” en el libro Exodo, que trata de la petición de Moisés al Creador para que perdone a su pueblo por el episodio del “Becerro de Oro”.
- En los ayunos, salvo Yom Kipur y Tishá Be Av, las personas enfermas o personas muy débiles así como las mujeres embarazadas y las que amamantan y que les es difícil ayunar, existen permisos halájicos para no ayunar estos días. El más leve de estos ayunos es el ayuno de Esther.
- En los casos de permisos para no ayunar, cabe destacar que el permiso incluye solo comida básica y necesaria y no comida de placer.
Los ayunos de Yom Kipur y Tishá Be Av requieren de una consulta especial y adicional a una autoridad rabínica o una orden explícita de un médico.
Extraído de Shuljan Aruj Oraj Jaim 550 y 686. Mishná Brurá 550, 5.
RABINO GERSHON MILETSKI
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