DESDE EL DESPACHO DEL RABINO
PERLAS DE LO NUESTRO
OPINO EN PUBLICO CUANDO SIENTO QUE PISO TIERRA FIRME
“Al igual que sus rostros no son idénticos, así también sus ideas son diferentes”. (Midrash Tanjuma, Pinjás, 1).
Este refrán de Jazal ejemplifica más que todo el famoso chiste: “dos judíos, ocho opiniones”.
No hay y nunca hubo dos personas totalmente idénticas. Algo los distingue aún cuando se trata de gemelos idénticos. Pregunte a sus madres, ellas sabrán diferenciarlos.
Y si en la parte física lo idéntico no existe, en la parte mental menos aún. Un ángulo de visión de una persona, de ninguna manera le puede servir a otra persona porque este ángulo “ya está ocupado”. Así es en la ciencia, en la filosofía, en la política y en cualquier tema que sea de interés para más de una persona.
Nosotros como judíos sabemos perfectamente que nunca habrán dos con visiones idénticas en el judaísmo. Siempre hay factores y puntos de vista diferentes, aún si comparten la misma corriente. En el judaísmo todos son expertos en todo. Cada uno tiene derecho a opinar y es bueno que así sea. Esto crea interés y causa en todos la sensación de pertenecer.
Con todo ello, es importante destacar y recordar, que también en el judaísmo al igual que en otras áreas que tienen que ver con aprendizaje, conocimientos y cultura, existen diferentes niveles de “especialidad”.
No sería correcto para una persona recta que sabe que la cantidad de la materia y de los conocimientos que le faltan en los estudios judaicos, superan mil veces la materia que sí conoce. Para él no sería justo e inteligente expresarse públicamente y de manera determinada, cuando siente y sabe que no está pisando tierra firme. Tierra firme significa tener amplios conocimientos en el mundo de la Torá y la Halajá.
Existe también una inclinación de exteriorizar algo, que nos enfada, y escribir mediante el teclado todo “el contenido del hígado” y asegurarse que todo, pero todo aparezca en la pantalla en grande y con color, luego apretar el “send” y más vale que sean el máximo de receptores para que todos sepan y conozcan lo que pienso y que disfruten todos. Y si en esta ocasión se puede difamar y atacar a alguien unilateralmente, no podría ser mejor.
A veces (y este es nuestro tema) ocurre que se trata de algo importante en cuanto a la identidad y el futuro del pueblo judío. De repente, todos se convierten en expertos de la Halajá y si hay alguien “que D-os nos ampare” que piensa y actúa diferente por la autoridad y los conocimientos profesionales en la materia, entonces es más fácil poner en duda públicamente su profesionalidad y poner su título entre comillas.
Desde el momento que el pueblo de Israel salió al exilio después de la destrucción del segundo templo y se dispersó por todo el globo, la mejor manera – que fue aprobada – para conservar la identidad judía y la continuidad del pueblo como sí, fue el fortalecimiento “de las murallas de la religión” por medio de Takanot (reglamentos) que asumieron las diferentes comunidades a través de las autoridades comunitarias conocidas como los “Siete Tuvei Ha Ir”, quienes cuentan con la plena cooperación y guía del Rabino comunitario, y que la validez de sus decisiones – es como la validez del Gran Beit Din en Jerusalem – (Shuljan Aruj, Joshen Mishpat 2-1).
La obligación de este ente que fue elegido por las personas de la congregación, es hacer todo para asegurar el bienestar físico y espiritual de la mejor manera que le parezca apto, y es su derecho y también su deber, tomar medidas a veces extremas si la situación lo amerita, con el fin de evitar el deterioro de ésta y en caso que exista el peligro de asimilación.
Siempre existen algunos que se ven afectados por ciertas takanot, al igual que otros se ven afectados por la obligación de pagar tributo al estado. En ambos casos, no se trata de un “castigo”, se trata de acciones a favor del público y su bienestar.
En caso de pagar tributos es por el mejoramiento físico de la comunidad, y en caso de Takanot, se trata de preocupación espiritual, porque la conservación de la identidad judía y la lucha contra la asimilación, es el problema de todos nosotros y pone en peligro el futuro de nuestro pueblo.
Es normal que dentro de una congregación existen algunos que no están contentos con ciertas medidas tomadas por los Tovei Ha Ir, y es posible que si ellos hubieran formado parte de este grupo, el panorama hubiese sido diferente. Sin embargo, esta es la naturaleza de una comunidad que a veces es forzada a actuar con cautela cuando la situación lo amerita.
En el mundo de la medicina todos entienden que a veces hay que luchar y utilizar medidas no convencionales para combatir la enfermedad y proteger el cuerpo para conservar la vida.
También en el área de la Halajá que es el alma del pueblo judío, se requieren diferentes metodologías para asegurar el cumplimiento de la meta que por ella se escaparon los padres de nuestros padres de los países de Europa, se asentaron aquí y establecieron con muchísimas dificultades una comunidad judía, y para evitar el triunfo de nuestros enemigos a través del aumento de la asimilación cuyo significado es peligro evidente e inmediato del futuro de la comunidad en particular y del pueblo judío en general.
RABINO GERSHON MILETSKI
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